Cuando éramos adolescentes, pasábamos la semana esperando el sábado. Era el día en el que te juntabas con tus amigas, discutías por horas que es lo que te ibas a poner ... intercambiabas outfits (en esa epoca = te prestabas ropa).
Después hacías la previa. En nuestro caso era ponerse a tomar cualquier cosa - y cuando digo cualquier cosa, era cualquier cosa: desde clericó hasta sangría - en la casa de alguna o en una vereda. La idea era pasar el rato hasta que llegaba la hora de entrar al boliche. Por supuesto, que antes se habían hecho todas las gestiones necesarias para conseguir entradas gratis o con descuento ... Y cuando lo lográbamos, la alegría era inmensa!!!!
Y pasabamos las horas en ese lugar, mirando las mismas caras del sábado anterior, soñando con que "el chico que te gustaba" te devolviera al menos una mirada. Y si eso sucedia, irremediablemente terminabas en los reservados, con las hormonas a pleno...
Hoy, con 35, estoy escribiendo esto, sin mas plan que esperar al chico del delivery y que cuevana me regale una linda película.
Pero lo mejor, es que me quedo cien veces con esto... Aunque agregaría sin dudas, las cosquillas de entonces.
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